Cómo encontré el propósito de mi vocación

Actualizado: ago 7

"Cómo encontré el propósito de mi vocación Ayudar sin esperar recibir nada más que una sonrisa"

Eso fue lo primero que llegó a mi mente cuando una amiga me comentó de una brigada comunitaria que harían en Puebla. Estaban reuniendo voluntarios de distintas áreas de la salud para brindar ayuda a una comunidad de lo necesitaba; la idea de poder adquirir más experiencia con pacientes y diagnósticos.Me llené de emoción y alegría pero, al mismo tiempo, en mi surgió un gran miedo y muchas dudas girando en mi mente ¿y si me equivoco? ¿y si no lo logro? Todas esas preguntas indagaban en mis pensamientos pues solo poseía los conocimientos básicos de clínicas dentales. Estaba tan emocionado de ir y a la vez tan aterrado de que mis conocimientos no sirvieran de ninguna ayuda, estamos al tanto de que habría muchos especialistas de diferentes áreas y me atemorizaba en hecho de que yo realmente tal vez no aportaría nada relevante.

Finalmente, dejando de lado mis dudas, miedos y nervios; permití que mis ganas de hacerlo fueran más grandes y acepté ir.



Por fin el día esperado llegó, el apoyo de mi amiga me hizo sentir en confianza y disminuyeron mi miedo y nervios al sentir que no estaría solo, ¡en ese mismo instante me percaté de que varios de los asistentes eran estudiantes!

Eso por supuesto aumentó mi confianza al saber que había más personas que aún se estaban formando como yo. Tomé aire, me relajé y esperé contento a mi destino.


Bajando del autobús me dirigí a ver quiénes, al igual que yo, eran del área de odontología ya que en mi autobús sólo iban médicos y de otras áreas; al momento de ir bajando las cosas de los autobuses y averiguar en que podían necesitar mi ayuda, el coordinador de la brigada se acercó a mí y me dijo:

- “Solo llegamos tres, así que tenemos que darnos prisa porque tenemos que atender a todas las personas que lleguen".

Al escuchar esas palabras el miedo y el nerviosismo se apoderaron nuevamente de mi, la responsabilidad que había caído en mis manos en ese instante comenzó a pesar.

Lo primero que pensé es que no tenía los conocimientos necesarios para atender por mi cuenta a un paciente integral, sin embargo, no dejé que ese pensamiento me consumiera, me armé de valor y comencé a trabajar.

Mucha gente comenzó a llegar, en una hora ya había aproximadamente 50 personas esperando para ser atendidas. Mi primer paciente era una señora que sólo necesitaba una limpieza y darle técnica de cepillado; así que me dejé llevar por lo que sabía; en cuanto terminé me dijo

–“Muchas gracias joven, no sé cómo pagarle, nos dijeron que era gratis, pero sé que su esfuerzo no es de en valde”-.



Le comenté que estábamos ahí para ayudar y que con eso era suficiente; sólo sonrió y me dijo que llevaría a sus nietos más tarde para que "les tapara las caries" y se fue.

Comencé a atender a los siguientes, cuando notaba que algo se me complicaba llamaba al coordinador para que me auxiliara al mismo tiempo que daba diagnóstico. El aprendizaje cada vez era más y más y yo trataba de absorber lo que más podía, es indudablemente una experiencia enriquecedora y la gente no paraba de llegar.

Transcurridas 4 horas la señora que fue mi primer paciente volvió ; mi sorpresa fue verla con una botella de agua y una manzana, sonriendo me dijo

– “¡Joven no han comido, y vea la hora! Le traje un agua y esta manzana”-.


Ese momento lo cambió todo, me di cuenta que estaba en el lugar adecuado, que estaba ahí porque quería ayudar a las personas; estaba consciente de que no tenía todos los conocimientos, pero di lo mejor de mí en cada paciente que atendí y sabía que haría todo para seguir mejorando. De repente el cansancio se convirtió en ganas de seguir trabajando, el hambre se convirtió en ganas de aprender más sobre las personas, porque cada persona tenía una historia que contar y cada paciente aportaba conocimientos nuevos para mí.

Aquel día los voluntarios de odontología fuimos los que más trabajo tuvimos; no comimos, pero tampoco paramos hasta que el último paciente fue atendido; aunque ya no teníamos fuerzas, jamás dejamos de poner todo de nosotros por esos pacientes.


En las brigadas siguientes a las que he asistido sé muy bien a lo que voy, mis conocimientos haz crecido enormemente y también mis valores como persona; sé que estaré lejos de casa, que dormiré quizá en el suelo, que tal vez no coma nada ese día, pero también sé que atenderé a personas que no tienen acceso a la salud tan fácil, sé que tengo que poner todo mi esfuerzo porque todas esas personas que he atendido me han dado más amor y gratitud que el que alguna vez creí merecer.